miércoles, 13 de mayo de 2009

El regalo

A veces, el fútbol nos hace un regalo. Puede ser en forma de juego o en forma de resultado, o más importante todavía, puede ser en forma de alegría por el espectáculo, de fiesta, de compañerismo. Puedo estar infinitamente feliz por el resultado, puede haberme encantado el partido, puedo estar contenta por levantar una copa, pero con lo que estoy absoluta y totalmente extasiada es con un partido en el que un colectivo de gente ha demostrado que le gusta el fútbol, que quiere a su equipo y que disfruta del placer sencillo de apreciar un juego, saber que es un juego, y vivir una decepción con alegría y entusiasmo.

Hoy casi soy del Athletic de Bilbao. Porque no creo que la afición de mi equipo hubiese estado a la misma altura moral, deportiva y cívica que un público y unos jugadores que han dado una lección de deportividad y de amor al fútbol. ¡Aúpa Athletic!

miércoles, 15 de abril de 2009

De Manel Fontdevila


Gentileza de Xosetxu.

lunes, 9 de marzo de 2009

Sudaca


Debo ser una chica con suerte. O quizás más que suerte, lo que me pasa es cuestión de genética, una genética que me ha dado una piel blanca como la leche y un pelo y unos ojos tirando a claros. Sea como fuere, la cuestión es que nunca, jamás, en toda mi vida, había oído la palabra "sudaca" dicha con tanta mala fe ni con tanta virulencia.
No es que nunca la haya oído, no. A menudo mis amigos y yo bromeamos con el concepto, y muchos de ellos me toman el pelo con el calificativo. A mí no me importa. No tengo que demostrarle nada a nadie, y no me avergüenzan nada mis raíces, más bien todo lo contrario.
Sin embargo, el otro día oí la palabra pronunciada como el peor de los insultos, con un desprecio en la voz que me hizo sentirme totalmente aludida, aunque la frase no iba dirigida a mí.
No es que esperase mucho más de la persona que la dijo. Ni tampoco que me sorprenda que haya gente racista en el mundo. Es, simplemente, que por primera vez he sentido un desprecio que imagino que sufre constantemente mucha gente, cuya procedencia es más evidente que la mía. Y al sentirme violentada de esa manera, me puse a pensar en la gente que día tras día tiene que soportar eso, que tiene la piel oscura, un acento inconfundible, o unos rasgos muy marcados. Esa gente que no pasa desapercibida como yo, que es como un letrero luminoso que indica que son de otro sitio, de otro lugar.
Y lo he pensado mucho, porque ese comentario me hizo sentir mal, y yo tengo familia, he vivido más del doble de mi vida aquí, tengo amigos... Pero hay gente que no. Gente que tiene que vivir con eso todos los días de su vida, y además está sola, tiene a su familia lejos, hace años que no ve a sus hijos... Y viene cualquier imbécil y le trata como si fuera inferior por haber nacido mil kilómetros más aquí o más allá.
En fin, que además, no estuve rápida. Me quedé tan aturdida, tan agredida, tan sorprendida, que fui incapaz de decir: "Anda, sudaca como yo", que hubiese sido lo adecuado en ese momento. Y ninguna de mis amigas presentes cayó tampoco en la cuenta. Sònia me decía que de haberse acordado, habría gritado: "Sudaca de mierda como tú" ;-)
En fin, como siempre hay una de cal y una de arena, también hace unos días tuve el privilegio de hablar de mis países a unas personas interesadas, carentes de todo prejuicio, abiertas, receptivas... y terriblemente preguntonas. Eran 52 y tenían entre 5 y 6 años. Me hicieron dibujos y se comieron los alfajores y el dulce de batata como los manjares que son.

viernes, 6 de febrero de 2009

Geografía

Ha pasado algo terrible. He descubierto una cosa tremenda que me llena de desazón. En Estados Unidos existen dos Portland.

Sé que es evidente, que como me indicó mi pomelo, es inevitable que existan dos ciudades con el mismo nombre en un país tan grande. Sé que mucha gente lo sabe, y a nadie le parece nada del otro mundo. Pero para mí es la tragedia más trágica de los últimos tiempos.

Y lo he descubierto en un blog, después del tercer comentario sospechoso. La autora del blog en cuestión, que es de Portland, decía que nunca había estado en la costa oeste. Y eso me mosqueó. Portland está en la costa oeste, ahí, cerquita de Seattle. Tengo una idea más bien limitada de la geografía estadounidense, pero hasta ahí llego. Seguí leyendo el blog, después de pensar un rato si mis conceptos este y oeste eran correctos (teniendo en cuenta que izquierda y derecha son dos conceptos dificilísimos para mi cerebro, salvo que se trate de cuestiones políticas). Una equivocación, me dije, no pasa nada. Tres posts más allá, la autora hablaba de que había ido a Boston. Y volvieron a sonar todas las alarmas. Pero, tozuda, decidí obviar la clara referencia a la costa este del país. A lo mejor había cogido un avión. Pero cuando volví a leer que Portland era estupendo, porque estaba junto al mar y muy cerca de Boston, ya no pude más. Me metí en googlemaps, busque Estados Unidos y descubrí que ahí, muy cerquita de Boston, está Portland, Maine, y que el otro Portland es, como todos sabéis, Portland, Oregón.

Y ahí se desencadenó la hecatombe.

Sé que quizás no parezca algo tan grave, pero es que Portland es para mí, desde hace muchos años, un lugar sagrado que está íntima y misteriosamente ligado a mi vida. O eso creía yo, la insensata que solo conocía el Portland oregoniense...

Y es que resulta que el primer partido de la NBA que vi, cuando tenía unos 13 o 14 años, fue un partido de Philadelphia contra Portland. Un Portland en el que jugaban los míticos Porter y Drexler. Un Portland que me cayó bien desde el minuto cero. Portland, Oregón, se entiende.

Pero por entonces mi escritor favorito empezó a ser Stephen King. Stephen King que ya dejaba bien claro que él era de Portland, MAINE. Por alguna extraña razón, nunca me di cuenta de esa pequeña diferencia. Nunca pensé que había ese Maine ahí. Y me he pasado diez años de mi vida pensando que Stephen King era de la costa oeste.

Y la tragedia sigue porque durante todos estos años han ido apareciendo cosas de Portland, gente de Portland, noticias de Portland, que me han ido confirmando la certeza de que Portland era una ciudad estupenda. Lo que no sé es cuál de las dos.

Así pues, ahora ando intranquila... Me pone nerviosa que una cosa que creía saber resulte ser errónea. La de veces que he hablado/fardado/alardeado de Portland y mis conocimientos sobre esa ciudad... Esa ciudad que son dos. Es como estar enamoradísima de tu vecino, darle conversación cada vez que te lo encuentras, y descubrir un día que son gemelos.

Tendré que darle un beso a cada uno, a ver cuál me gusta más...

lunes, 2 de febrero de 2009

De provincias

Sí, provincianos, ni más ni menos. Eso es lo que pasa en España. Y siento una vergüenza tal que apenas puedo ponerla en palabras.

Ayer jugaban Federer y Nadal la final del Open de Australia. Un partido interesante entre dos tenistas de primer nivel. Un partido reñido y ajustado que acabó ganando Nadal. Hasta ahí todo bien. Pero resulta que lo retransmitían por la tele. Y resulta que los locutores comentaban el partido. Y en un momento dado les salió esa chulería que solo se puede tener cuando uno es provinciano y acomplejado a tope:

-Nadal le ha ganado en hierba, le ha ganado en tierra...
-Sí, y si hubiera pistas de hielo también le ganaba.

En fin. Que Nadal es un jugador como la copa de un pino no lo niega nadie. Pero lo es más aún porque tiene la decendia de tratar a sus rivales con respeto y con cariño, y de decirle al que durante años ha sido el mejor jugador del mundo que no se preocupe, que conseguirá superar el récord de Sampras. Y eso es algo que tendrían que aprender los locutores deportivos. Que el deporte es, sobre todo, deportividad.

Pero todavía me quedaban los Goya. Ah, los Goya. Un desfile de estrellas interminable e interesantísimo. Lo único malo fue que vino Benicio del Toro. Y como no estamos acostumbrados a ser agasajados con la presencia de estrellas mundiales (o estadounidenses, que para el caso viene a ser lo mismo, aunque mi adorado Benicio sea puertoriqueño) lanzamos un torrente de chistes sin gracia a nuestro Mr Marshall particular y nos dedicamos a hacerle primeros planos continuos. Seguro que así conseguimos que el año que viene venga más gente.

Pero bueno, por lo menos triunfó "Camino".

miércoles, 21 de enero de 2009

Cosas


Ayer vi la toma de posesión del presidente de los Estados Unidos. Nunca había visto una, pero es que supongo que ninguna había sido tan histórica como lo fue la de ayer. Mi pomelo y yo comentábamos que nos resulta absolutamente imposible entender lo que significa esto para la población negra de Estados Unidos. No creo que nadie que viva fuera de ese país pueda entenderlo.

Pero aunque Obama me cae muy bien y aunque su discurso fue muy bonito, contengo el aliento y espero. No sé qué pasará. Que cierre Guantánamo ya es una buena noticia, así como que reconozca que en Estados Unidos se ha practicado la tortura. Pero hay tantas y tantas cosas, tantos frentes abiertos, tantas relaciones internacionales que corregir que no sé yo si podrá estar a la altura de las expectativas creadas.

Por lo menos debo reconocer que es un hombre que transmite esperanza. Y no solo mediante sus discursos. La verdad es que me produce muchísima esperanza que un montón de gente haya decidido votarle, que un montón de gente le apoye y que un montón de gente quiera cambiar la política estadounidense de los últimos años (o lustros, o décadas). Me hace cuestionarme muchas certezas inmutables sobre ese país que despierta pasiones encontradas en todos los rincones del mundo.

Esperanza como la que siento cuando veo que un grupo de transeúntes evitan el asesinato de una mujer a manos de su ex pareja en el centro de Barcelona. Esperanza de ver que no hemos perdido completamente la vergüenza, de ver que a veces algo nos hace saltar y oponernos a lo que nos parece (o es, evidentemente) un atropello, una injusticia, un crimen.

Porque durante los últimos días me he dado cuenta de una verdad absoluta: me he hecho mayor de repente. Me he pasado al escepticismo, que es sano, sí, pero aburrido y poco apasionado, y echo de menos las ganas de cambiar el mundo y la convicción de que se puede hacer. De repente me encuentro revisando conceptos que toda la vida he defendido a capa y espada, dudando de algunas de mis posturas más radicales e instalándome en una posición que aunque es cómoda y equidistante de prácticamente todas las posturas exaltadas, me produce una pena enorme que solo puede producir la pérdida de la inocencia.

Pero así son las cosas.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Es curioso...

Ayer o anteayer, mientras cenábamos, veíamos las noticias. De repente, el presentador se puso serio, habló de un atraco y avisó que las imágenes que mostrarían a continuación podían herir nuestra sensibilidad. Acto seguido, la cadena emitió una grabación casera en la que un atracador salía de un banco, resbalaba en la calle, y al levantarse, la policía lo abatía a tiros. Fueron, en efecto, unas imágenes chocantes.

Dos noticias más allá, hablaron de la situación de algún país africano que sufre una epidemia de cólera. No hubo aviso alguno para mostrar escenas de niños desnutridos, personas muertas de hambre (aunque, eso sí, tapadas por mantas) y enfermos y más enfermos junto a ríos de aguas fecales en las calles de su poblado.

No es que la muerte de un atracador en plena calle no me parezca chocante, no me malinterpretéis, pero hiere millones de veces más mi sensibilidad ver cómo muere gente (300 muertos por cólera llevan ya) por una enfermedad erradicada en nuestro país, por falta de recursos para tener un alcantarillado en condiciones, por falta de tratamiento y agua potable, por no tener un buen estado físico, por no poder comer bien...

Es como mínimo curioso qué consideramos impactante y qué consideramos normal; qué contenidos nos parecen adecuados para un noticiero a las 9 de la noche y cuáles no.

sábado, 27 de septiembre de 2008

El lado lamentable del deporte

Yo no lo entiendo. Juro que no lo entiendo. A veces veo un espectáculo deportivo que se transforma, sin previo aviso, en un espectáculo triste, penoso y execrable.

Estoy harta de oír que hay que erradicar la violencia en el deporte, cuando a la hora de la verdad no se hace nada para conseguirlo. Me alucina, sinceramente, que no caigan sanciones ejemplares en ciertos momentos. Me alucina que por dopaje, un deportista pueda estar inhabilitado durante meses, pero que por insultar, ultrajar, menospreciar o hacer comentarios racistas no pase absolutamente nada. Me resulta increíble que uno pueda decir lo que le dé la gana de un árbitro o un juez sin que se le caiga el pelo.

Hoy he visto a dos niños llorar de miedo en un campo de fútbol. Y me parece lo más triste, lo más lamentable y lo más asqueroso que puede ocurrir. Que un niño tenga miedo cuando va a ver un partido de fútbol porque cualquier radical pueda entrar al campo e insultar, chillar y gritar lo que le apetezca, por no hablar ya de lanzar cosas.

Me alucina que no se le vete la entrada a cualquier recinto deportivo de por vida a una persona que, aunque existe una prohibición expresa y aunque lamentablemente hace años perdió la vida un chico, entre bengalas a un campo de juego. Me alucina que a la discoteca no te permitan entrar con según qué estética, y en cambio en el campo de fútbol seas bien recibido. Me alucina que los jugadores de todos los equipos (me corrijo, el 90% de los jugadores de todos los equipos) saluden a esos energúmenos como si fuesen unos aficionados ejemplares.

Hoy he visto este espectáculo lamentable, y después he sido testigo de otro espectáculo más lamentable todavía: un cruce de acusaciones para intentar esclarecer quién tenía la culpa. ¿Importa quién tenga la culpa? A mí me avergüenza ver esto como aficionada al deporte, y mis colores me los paso por salva sea la parte cuando se trata de que alguien pueda resultar herido, de que alguien pase un mal rato, de que alguien sufra una situación violenta. Qué triste es ver cómo se echan la culpa unos a otros en lugar de sentarse a ver cómo se puede solucionar.

Me resulta increíble que un jugador de tenis le pueda decir a una jueza que es imbécil y que es normal que todo lo haga mal porque es mujer, y que ese hombre continúe jugando como si tal cosa, sin que le caiga una sanción de seis meses de inhabilitación. Seguro que si su jarabe para la tos diera positivo, lo inhabilitarían de por vida.

Los medios para detener la violencia en el deporte están ahí, y están muy claros. Harían perder mucho dinero a mucha gente, pero están ahi. La violencia se soluciona negándole la entrada a los violentos, sancionando a cualquier jugador, directivo o entrenador que se permita insultar al árbitro o a cualquier compañero de profesión, cortando de raíz cualquier comportamiento inadecuado y sancionándolo como se merece. Y poniendo los medios necesarios para comprobar las acciones dudosas de los deportes mediante múltiples cámaras, que hagan que el árbitro o el juez confirmen o cambien su decisión.

Yo no sé vosotros, pero cuando yo jugaba a baloncesto, si le decía algo fuera de lugar al árbitro o a cualquiera de mis compañeras, me largaba al vestuario con una falta descalificante. Y si el público se ponía muy nervioso, el partido se cancelaba y se sancionaba al club anfitrión.

Y uno se aguantaba. El árbitro podía ser malo, pero tú no le decías nada porque era el árbitro, y le respetabas. Igual que a tu entrenador. Igual que a tus compañeras y a tus rivales. El juego es así, y a nadie le gusta perder, pero no por eso le perdías el respeto a nadie. Y si se lo perdías, sufrías las consecuencias.

Tanto hablar de la deportividad, deberíamos empezar por lo básico, enseñar modales y respeto a todos los implicados. Y cerrar filas, todos juntos, pasando de colores y de rivalidades, a la hora de enfrentarnos a problemas como el de hoy. Es muy triste.

viernes, 25 de julio de 2008

Las cosas claras

Ayer veíamos el partido de baloncesto de España contra Lituania, la preparación para los Juegos Olímpicos, todos juntos en el comedor. Àlex, que tiene ya casi cinco añitos y últimamente anda muy preocupado por el funcionamiento de las cosas, miraba interesado el partido. De repente, miró muy serio a su padre y le preguntó:

-Papi, en el mundo, ¿quién manda?

Su padre, para terminar rápidamente con la conversación porque el partido estaba reñido, le dijo simplemente:

-George Bush, Àlex.

E inmediatamente, mi pompón mayor, preocupadísimo, preguntó:

-¿Y George Bush es del Barça o del Madrid?

Mi pomelo y yo todavía nos estamos enjugando las lágrimas de risa. No hace falta que os diga que el pomelo le dijo seriamente que Bush solo puede ser del Madrid ;-)

viernes, 11 de julio de 2008

Europa o Guantánamo 2

¿Qué estamos haciendo? No sé qué es lo que nos pasa, qué cruza nuestras ociosas mentes de europeos bienestantes, qué nos empuja a comportarnos como auténticos "malparits" cuando se trata de inmigración.

No voy a negar que Europa sufre una inmigración masiva, pero tampoco puede negarse que la sufre por haber sido un continente colonizador que sigue manteniendo gobiernos de paja allá donde le conviene, cobrando aranceles inhumanos a los países más pobres y pagando la materia prima a precio de saldo en los continentes con menos recursos.

Visto así, está claro que el tema tiene mal solución, porque las empresas y los gobiernos no quieren dejar de tener beneficios, y si pagan más a esos países o les dan facilidades de comercio con Europa, van a dejar de tenerlos, o van a tener que gravar la diferencia de beneficios sobre los consumidores europeos, que evidentemente se rebelarán, y como son los que votan, eso no sería nada conveniente.

Pero, ¿nos da eso derecho a detener a un ser humano durante 18, repito, DIECIOCHO meses, sin juicio, sin derechos, en un limbo legal que nos hemos sacado de la manga? ¿No nos quejamos de Guantánamo y decimos que si hay motivos para detener, que detengan, pero con abogado y con los derechos garantizados, y si no hay motivos, dejen libre a la gente? ¿Qué estamos haciendo? ¿Cómo nos podemos permitir tratar a seres humanos de ese modo? Leo que nueve bebés han muerto en una patera estos días y me dan ganas de hacer algo indecoroso con todos los eurodiputados de sueldos de seis cifras y viajes constantes a diferentes puntos de Europa.

Por no hablar de los italianos, que están llevando su celo nacionalista a cotas solo vistas durante el período más negro de este continente, que, para los despistados, va de 1939 a 1945. Digo.

Ahora resulta que les están tomando las huellas dactilares a los gitanos, niños incluidos, según dicen ellos, para elaborar un censo. El hecho de aplicar cualquier ley, directiva, regla o lo que sea a un solo grupo étnico de la población de un país, es en sí mismo, bochornoso. Pero tal y como se está llevando a cabo, además es criminal.

Tenemos una declaración de los derechos humanos con la que nos limpiamos el culo, o en la que tendríamos que añadir algunas palabras para reformular las leyes y que se adapten a nuestra situación actual:

Art. 1 - Todos los seres humanos (que nacen en Europa) nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros (salvo que los otros sean gitanos, negros, árabes o estén demasiado morenitos y no puedan acreditar una solvencia demostrable).

Art 2 - 1. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
2. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía. (Este casi que nos lo cargamos entero, que da un poquito de rabia)

Art 3 - Todo individuo tiene derecho a la vida (pero no a conservarla), a la libertad (siempre y cuando se quede en el país en el que ha nacido) y a la seguridad de su persona (salvo que cometa el terrible e imperdonable delito de mudarse de residencia unos kilómetros más al norte o al oeste, entrando así en el territorio de los que somos un poco más iguales, un poco más libres y un poco más vivos).

Art 4 - Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas. (En esclavitud y servidumbre no están incluidos trabajar por un euro al día en los trabajos que nadie quiere hacer salvo pena de ser denunciados y repatriados al país que le dé a Europa).

Art 5 - Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. (Pero sí podrán disfrutar de una estancia de 18 meses con los gastos pagados en una institución estatal sin derecho a salir.)

Art 6 - Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica. (¿Los africanos tienen de eso?)

La declaración entera está en:

http://www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm

E iría bien que de vez en cuando la leyésemos, o que la imprimiésemos y nos la colgásemos en un lugar visible, para darnos cuenta de las veces al día que la usamos como papel higiénico, o que nos reímos de su mera existencia. Somos muy modernos y muy civilizados por firmarla en su día, pero como solo es una declaración, da igual que exista o que no. Que se lo digan a Amnistía Internacional...

Mierda de mundo, oyes.