Mostrando entradas con la etiqueta Broadcast news. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Broadcast news. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de noviembre de 2010

Arrimar el hombro


Ando un tanto molesta estos días con los comentarios de la crisis que se hacen por ahí, lo rebotados que estamos todos con la reforma laboral y las memeces que oigo decir a unos y a otros sobre el momento en el que nos encontramos. Pero si estoy indignada con alguien en particular es con las personas de la calle, los trabajadores, la plebe, como queráis llamarle, entre los que siempre he estado y entre los que, en general, suelo sentirme bien y cómoda.

Pero hace unas semanas que no puedo sentirme cómoda y bien con mis compañeros de aventuras económicas, con los proletarios del mundo, con los trabajadores. Hace días que los sindicatos se quejan y yo no acabo de verlo claro, nada claro.

Estamos en crisis. No hace falta que nos lo diga nadie, no hace falta que los políticos se acusen unos a otros ni que le echen la culpa a la economía mundial, ni que culpen al sector de la construcción. Todos sabemos en qué berenjenal nos hemos metido y todos sabemos por qué. Nos hemos cansado de hipotecarnos hasta las cejas, de gastarnos lo que no teníamos y de pedir créditos para satisfacer todos nuestros caprichos. Y ahora estamos como estamos.

Pero en lugar de arrimar el hombro, de pensar que todos tendremos que pasar con menos para reflotar la economía y para poder volver a un estado de relativa prosperidad, nos echamos la culpa unos a otros y no transigimos. Para salir de la crisis, que le quiten privilegios a otro, que nosotros no nos queremos mover ni medio milímetro.

Hace días que oigo hablar del paro. De las cifras del paro, de lo injusto que es el paro, de lo mal montado que está y de BLA, BLA, BLA. Pero, díganme ustedes con la mano en el corazón y siendo muy sinceros, ¿a cuántas personas conocen que ahora mismo están en el paro porque no les da la gana trabajar? ¿Cuántas personas conocen ustedes que se hartan de su trabajo, piden que les arreglen los papeles del paro y deciden que ya empezarán a buscar trabajo al cabo de un año, que total se merecen ese año sabático porque llevan cotizando toda la vida? En este momento, yo conozco varias, creo que incluso más de las que puedo contar con los dedos de una mano. Y lo bueno es que a nadie le sorprende, que a nadie le parece mal. Pero, ¿es ese el objetivo del paro? ¿No será acaso que tenemos paro para que si por lo que sea, por mala suerte, uno acaba sin trabajo y con dificultades para mantenerse (a uno mismo y a los que dependen de uno) y no consigue trabajo bajo ningún concepto, pueda sobrevivir mientras sigue buscando trabajo? ¿O es que nos parece que el estado tiene que mantenernos uno de cada diez años sólo porque durante esos otros nueve hemos pagado nuestros impuestos? Esa práctica, socialmente tolerada e incluso admirada, pone una presión impresionante sobre nuestro sistema, pero a nadie parece horrorizarle ni sorprenderle. Es parte de nuestra picaresca, qué cachondos que somos.

También anda la gente escandalizada porque nos quieren reducir la indemnización cuando nos echan a la calle. En lugar de 45 días por año trabajado, nos van a pagar 25 o 30. Y todos pensamos en grandes empresas echando a la calle a millones de personas que trabajan estupendamente, pero de los cuales la empresa se quiere deshacer para tener más beneficios. En eso pensamos, y no en las miles de pymes que en un momento de crisis no pueden echar a la calle a nadie porque tienen que pagarle una millonada, así que se quedan con gente que ya no tiene trabajo porque no la pueden despedir. O peor aún, en las pymes a las que algún trabajador putea descaradamente para que le echen y cobrar un pastón, o se cogen bajas extensísimas para forzar al empresario a echarle. ¿La indemnización es una excusa también para que nos forremos y nos pasemos meses y meses sin trabajar o nos podamos comprar por fin ese coche al que le habíamos echado el ojo? ¿O está pensada para que uno pueda ir tirando mientras busca un nuevo trabajo?

Yo no soy empresaria y no tengo trabajadores a mi cargo. Toda la vida he estado del lado del asalariado y he creído en sus derechos. Pero cuando uno se pasa de la raya y abusa de sus derechos, ¿puedo seguir defendiéndolo ciegamente? Y cuando estamos en una situación crítica como la que vivimos ahora, ¿es lícito que queramos salir de la situación sin hacer ningún sacrificio?

No estoy a favor de esta reforma laboral, pero creo que los motivos para estar en contra son débiles. Estamos en un mal momento y la única manera de salir del pozo es arrimando el hombro. Lo único que hay que exigir, y debemos hacer con firmeza, es que todo el mundo ceda, no sólo los de siempre. Pero por lo demás, a ver si dejamos de llenarnos la boca con palabras bonitas como "solidaridad" y empezamos a aplicarlas a nuestro día a día. Tenemos que entender que para empezar a recuperarnos, hay que exigir que todo el mundo haga su parte, nosotros incluidos.

viernes, 4 de junio de 2010

Defensores atacados

Le he estado dando muchas vueltas a lo que quería escribir. Está claro que después del incidente entre el ejército israelí y la flotilla de barcos turcos hay que decir algo. Pero he intentado madurarlo para que no me saliera una serie de exabruptos y un post visceral sin ningún tipo de reflexión.

Lo he intentado de todos los modos posibles hasta que esta mañana he leído esta entrevista a Raphael Schutz en El Periódico. Y entonces toda mi imparcialidad, toda mi reflexión, toda mi calma se ha venido abajo como un castillo de naipes.

Y ha sido así por dos motivos. El primero y principal es por la palabra "defensa". Resulta que el ejército israelí tuvo que "defenderse".

Y es que, llámenme ustedes rara si quieren, pero pienso yo que si hay una gente que está en su barco, en aguas internacionales y de repente se le acercan unos helicópteros y unos barcos y se les llena el barco de personas armadas que les apuntan con pistolas (sean de pintura o no), los que se defienden son los atacados, es decir, los que estaban en su barco y han sido asaltados de repente, repito en aguas internacionales.

No voy a decir que la gente que había en el barco no golpeó a los israelíes. He visto y me creo perfectamente todo el relato de las barras de hierro. Pero, señores, ¿y? ¿Quiere eso decir que si un señor me quiere robar el bolso en la calle y me da un empujón puedo pegarle un tiro en la cabeza? Creía yo que precisamente los ejércitos estaban preparados para responder a esa clase de disturbios sin necesidad de matar a nadie. Se ve que sigo creyendo en el Ratoncito Pérez.

El otro motivo de indignación, que creo que debería ser clamoroso en la sociedad española, es que este señor compare los nueve muertos de la flotilla con los 23 muertos en accidentes en las carreteras españolas y los 155 muertos en un atentado en la India. Y que encima afirme que no importa, que a nadie le importa. Creo que es un argumento que se desacredita solo, pero por si hay alguien despistado, por si hay alguien que se siente tentado a creer que la muerte de una sola persona no importa, quiero hacer patente desde aquí mi protesta. Protesto porque este señor insulta mi inteligencia, hace demagogia y pretende restar importancia a la muerte de nueve personas en un asalto ilegal a un barco que lo máximo que podía llevar eran activistas y que se ha demostrado que no portaba armas de ningún tipo. Protesto porque la muerte de cualquier ser humano, sea en las condiciones que sea es una cosa que tiene que importarnos a todos. Protesto porque por lo menos la Dirección General de Tráfico hace lo posible por evitar las muertes en la carretera, cosa que no puede decirse del ejército israelí. Protesto al fin y al cabo porque siempre es lo mismo, porque nadie condena abiertamente algo que si hubiese pasado en otras latitudes (pienso en Corea del Norte, pienso en Irán) habría recibido automáticamente una respuesta única y contundente de los organismos internacionales que siguen quitándole hierro al asesinato de nueve personas. Que sí, a lo mejor llevaban una barra de hierro.

*UPDATE: Los israelíes se mofan de lo que ha ocurrido en un vídeo musical... No tengo palabras. Como si hiciera falta publicar los vídeos de las matanzas de Gaza.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Hace un año y medio, cuando me enteré que Guardiola sería el entrenador del Barça, me asusté. Guardiola nunca había sido de mis jugadores favoritos y me daba miedo que le estuvieran escogiendo únicamente por ser catalán y de la casa. Prefería un nombre consolidado, aunque fuera Mourinho.

Pero debo admitir que desde el primer día, Guardiola no sólo me ha demostrado que es un buen entrenador, sino que también me ha maravillado con su filosofía, con la que ha impregnado el vestuario del Barça y por extensión, a los socios y a los seguidores.

Porque lo que más me gusta de este Barça que tenemos ahora no es que sea el mejor equipo del mundo (que también, ¿eh? a nadie le amarga un dulce...), sino que, por una vez, el fútbol está donde tiene que estar, y los jugadores también.

De repente, el fútbol vuelve a ser un juego. Un juego del que disfrutamos, que nos emociona, que nos permite ver jugadas maravillosas, que nos alegra el domingo o el miércoles. Pero un juego. Para Guardiola, ganar o perder no es lo único importante, para Guardiola lo importante es jugar y hacerlo bien. Y el resultado de un partido o de una competición no es el fin del mundo. Es una alegría, es una decepción, pero es el resultado de un juego.

Me emociona más que nada ver que mi equipo se toma las cosas con calma, que se divierte. Me emociona ver que en mi equipo la gente se lleva bien, que se respeta, que se aprecia. Me gusta ver que trabajando, sin hacer ruido ni aspavientos, sin volvernos locos, sin indignarnos, hacemos un buen papel.

Hoy más que nunca me siento orgullosa de mi equipo. Y no únicamente porque seamos los campeones de todo, sino porque me gusta el mensaje que transmitimos y la imagen que exportamos. Me gusta que trabajemos y que nos divirtamos. Y que al final del partido le demos la mano al contrario y nos vayamos a casa con la familia. Porque eso es el fútbol, y nunca debió dejar de serlo.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Van provocando...

Leo con curiosidad y la verdad es que poco estupor este artículo del señor Enrique Lynch. Y digo con poco estupor, porque de lo anodino y repetitivo que resulta, ni me sorprende, ni me escandaliza.

Culpar a las mujeres de la violencia de género es algo que sucede desde hace tantos años que creo que toda la vida lo he oído. Ya lo decía Def con Dos en su gloriosa "Agrupación de mujeres violentas": "Es que vas provocando con esos vaqueros". Y lo remataba Santiago Segura en airbag: "La culpa es de los padres, que las visten como putas". Lo que sea, porque desde que existe el feminismo, los hombres han encontrado un montón de excusas para los comportamientos denigrantes que ya tenían antes.

Así que, afirma Lynch, los hombres son como son porque los han criado mujeres. No tiene nada que ver que quizás hayan visto ese patrón de comportamiento en sus padres, sus maestros, sus amigos, sus jefes, no. Las madres, mientras les amamantamos y les curamos las rodillas peladas les estamos enseñando a despreciar a las mujeres y a maltratarlas.

También carga las tintas contra las cantantes que en sus canciones, ante un desamor se calzan botas altas y salen a la calle a maltratar hombres. Apuntadlo en vuestras agendas, chicas, la manera de mostrar pena y dolor ante una ruptura es quedarse en casa a llorar. Si os ponéis minifalda y salís a bailar para desfogaros, después no es extrañe que vuestras parejas os peguen u os apuñalen. Si es que os lo tenéis merecido.

Y luego está el tema del eslogan. Si es que cómo se nos ocurre pensar en algo como "De todos los hombres que haya en mi vida, ninguno será menos que yo". Aix. Estamos dando a entender que las mujeres tendrán muchos hombres en su vida. ¡HORROR! Qué espanto, qué cosa tan perversa, cómo vamos a sugerir que las mujeres vayan a tener varias parejas sentimentales o sexuales. Las mujeres no pueden. Las mujeres conocen al amor de su vida a los quince años y con él se quedan para siempre aunque las atice, las ridiculice y las haga infelices.

Suerte que hay personas que también pueden concebir que los hombres que tenemos en nuestra vida son también hijos, hermanos, jefes, compañeros, amigos, vecinos...

De hecho, me sorprende que los hombres no se hayan quejado ante este artículo, que los tilda de simples, prehistóricos, integristas y estúpidos, que se dejan llevar por el miedo a que las mujeres recuperen el terreno perdido y se pongan a su misma altura. Según Lynch, son muñecos de trapo que sienten un pánico atroz a las nuevas mujeres que no se dejan avasallar. Hombres que ante la falta de sumisión, se vuelven locos y sueltan puñetazos.

Lo más triste de todo es que las mujeres ahora nos tengamos que poner a la defensiva y tengamos que justificar nuestros comportamientos. Que se apunte Lynch que en el caso del maltrato de género, las mujeres son, prácticamente siempre, las víctimas, y que nada que hayan hecho jamás en su vida justifica que alguien les pegue, las viole o las asesine. Ni siquiera que no hayan llorado ni pedido perdón.

jueves, 15 de octubre de 2009

Carta de amor al Festival de Sitges (y a la ciudad)

Hace 12 años pisé por primera vez el cine Retiro para una maratón del Festival de Cine de Sitges. Sin que yo lo supiera iniciaba así una tradición, un rito que se repite todos los años y que me convierte en la persona más feliz del mundo durante los diez días que dura la muestra.

Aquel primer año me perdí los últimos cinco minutos de Gattaca, porque el último tren salía a una hora indecentemente temprana y yo todavía no tenía coche.

Tardaría dos ediciones más a ir a una sesión normal, un día por la noche, en el 99, y a partir de entonces las sesiones, las películas y los cines empezaron a multiplicarse.

El motivo principal por el que me encanta el festival de cine de Sitges es, seguramente, el que hace que los esnobs frunzan la nariz y que los cinéfilos más recalcitrantes se lleven las manos a la cabeza. Y es que a Sitges la gente va a disfrutar. Se lanzan estruendosas ovaciones cuando el bueno le pega un tiro en la frente al malo, cuando una frase del guión es particularmente graciosa o cuando la cantidad de sangre en pantalla aumenta de repente de cero a cien en un segundo. La gente va por la calle hablando de directores coreanos o japoneses, se acaban las entradas para las sesiones de clásicos de la ciencia ficción, se hacen colas imposibles para entrar a la sala a ver una sesión nocturna de películas de serie B.

El día perfecto es el que hace sol y llevas las entradas en el bolsillo. El día que hueles el mar mientras te acercas por la autopista y te pierdes un rato en las hermosas calles de la ciudad mientras haces tiempo para entrar a ver tu peli. El día que te paras en el bar a tomar un café y te lees el periódico del festival. Después vas al Retiro, que para mí es el mejor cine del festival (quizás no por comodidad, pero sí por todo lo demás) y cuando acabas la peli la comentas de camino a la Cantonada, a tomarte un frankfurt servido por Kevin Smith (que este año no estaba...).

No puedo poner en palabras todo lo que le debo al festival en mi formación cinematográfica. Allí vi mi primera película de Johnnie To, que pasó a convertirse directamente en uno de mis directores favoritos. Allí descubrí a Park Chan-woo, vi The Ring y me morí de miedo y descubro todos los años excelentes películas y cinematografías que ni sabía que existían.

Pero cuando le digo a alguien que voy al festival, el ochenta por ciento de las veces me dice: "¿A ti te gusta ese cine?" Y aunque no suelo decirlo, porque soy educada hasta resultar imbécil, pienso siempre "¿qué cine?" A mí me gusta el cine. Todo. En su totalidad. Y el cine es fantasía. ¿A alguien puede no gustarle la fantasía, la imaginación, la creatividad? Porque además de sangre, vísceras y zombies (que me encantan, eso sí), hay un montón de películas llenas de magia, de ternura, de sorpresa. Películas como Mr. Nobody este año, que me encantó (y a toda la sala también) o como "Soy un cyborg" o como muchas otras. Porque el cine fantástico no es sólo gore y cuanto antes lo entendamos, mejor para todos, pero especialmente para las películas.

Ya cuento los días que faltan para el próximo festival de Sitges.

domingo, 21 de junio de 2009

Un hombre bueno

Cuando mi pompón mayor cumplió un año, su padrino, que es uno de los mejores amigos que se pueden tener, le hizo también el mejor regalo que nadie le ha hecho nunca. Supongo que el pompón no estará muy de acuerdo por el momento, pero sé que algún día, no muy lejano, descubrirá que sí, que lo fue en su día y que lo sigue siendo hoy.

Aquel día, 365 días después de que el pompón viera la luz por primera vez, le llegó un correo electrónico en el que la Fundación Vicente Ferrer le daba las gracias por apadrinar a un niño de la India, un niño varios años mayor que el pompón, que vive en una comunidad a muchísimos kilómetros de aquí. Su padrino había decidido que no había mejor regalo que ese.

No era mi primer contacto con la Fundación. En la academia de inglés en la que yo trabajaba habíamos hecho una campaña de captación de alumnos en la que nos comprometíamos a donar un porcentaje de la matrícula a Vicente Ferrer para la creación de una escuela. Y mi amiga Sònia iría meses después a verla y a conocer a Vicente y a su familia. Trajo un montón de fotos y un montón de historias. Y ese viaje la cambió totalmente y le hizo descubrir muchas cosas que tenía dentro y que ahora ha dirigido hacia muchos proyectos de colaboración con la India.

Mi amigo Jordi también colabora con la Fundación regularmente. Uno de sus mejores amigos viajó a la India, vio el trabajo que se hacía allí y volvió también cambiado, convencido e impulsado a dedicar tiempo y ganas a recaudar fondos para ayudar en ese proyecto. Después irían Jordi y varios de sus amigos, y todos volverían dispuestos a hacer lo que hiciera falta. He perdido la cuenta de toda la ayuda que han enviado.

Yo no conocí a Vicente. Cuando fuimos a la India no llegamos hasta la zona en la que él estaba. Viajamos por el norte y vimos un montón de cosas, pero no llegamos hasta Anantapur. No puedo hacer mío el dolor y el sentimiento de toda la gente que le conoció, de toda la gente a la que le cambió totalmente la vida, de toda la gente a la que inspiró y ayudó. Pero sí puedo sentir la muerte de un hombre bueno, de un hombre entregado, optimista y luchador, de un hombre orgulloso de su humanidad. Puedo admirar su trabajo incansable, su batalla constante. Puedo lamentar su falta y sentir que todo homenaje llega tarde.

Y también puedo admirar su trabajo y mirar con optimismo todo lo que ha conseguido. Leía hoy en el periódico que Vicente había demostrado que vencer el hambre es posible, y que no hace falta un desembolso importante. Sólo hace falta trabajar y quitarnos de encima la caridad. Y eso me hace sentir optimista. Supongo que dentro de unos días, mucha gente habrá olvidado que Vicente ha muerto, o lo habrá procesado como procesamos todo lo que ocurre a diario, incapaces de asimilar tantísima información. Pero quizás haya alguien, haya una Sònia, un padrino, un Jordi, haya unas cuantas personas que debido a este triste momento descubran un punto de inflexión en su vida, descubran el trabajo de un hombre y eso les inspire a continuar con su obra en la medida de sus posibilidades. Y yo creo que eso, a Vicente le encantaría.

miércoles, 13 de mayo de 2009

El regalo

A veces, el fútbol nos hace un regalo. Puede ser en forma de juego o en forma de resultado, o más importante todavía, puede ser en forma de alegría por el espectáculo, de fiesta, de compañerismo. Puedo estar infinitamente feliz por el resultado, puede haberme encantado el partido, puedo estar contenta por levantar una copa, pero con lo que estoy absoluta y totalmente extasiada es con un partido en el que un colectivo de gente ha demostrado que le gusta el fútbol, que quiere a su equipo y que disfruta del placer sencillo de apreciar un juego, saber que es un juego, y vivir una decepción con alegría y entusiasmo.

Hoy casi soy del Athletic de Bilbao. Porque no creo que la afición de mi equipo hubiese estado a la misma altura moral, deportiva y cívica que un público y unos jugadores que han dado una lección de deportividad y de amor al fútbol. ¡Aúpa Athletic!

lunes, 2 de febrero de 2009

De provincias

Sí, provincianos, ni más ni menos. Eso es lo que pasa en España. Y siento una vergüenza tal que apenas puedo ponerla en palabras.

Ayer jugaban Federer y Nadal la final del Open de Australia. Un partido interesante entre dos tenistas de primer nivel. Un partido reñido y ajustado que acabó ganando Nadal. Hasta ahí todo bien. Pero resulta que lo retransmitían por la tele. Y resulta que los locutores comentaban el partido. Y en un momento dado les salió esa chulería que solo se puede tener cuando uno es provinciano y acomplejado a tope:

-Nadal le ha ganado en hierba, le ha ganado en tierra...
-Sí, y si hubiera pistas de hielo también le ganaba.

En fin. Que Nadal es un jugador como la copa de un pino no lo niega nadie. Pero lo es más aún porque tiene la decendia de tratar a sus rivales con respeto y con cariño, y de decirle al que durante años ha sido el mejor jugador del mundo que no se preocupe, que conseguirá superar el récord de Sampras. Y eso es algo que tendrían que aprender los locutores deportivos. Que el deporte es, sobre todo, deportividad.

Pero todavía me quedaban los Goya. Ah, los Goya. Un desfile de estrellas interminable e interesantísimo. Lo único malo fue que vino Benicio del Toro. Y como no estamos acostumbrados a ser agasajados con la presencia de estrellas mundiales (o estadounidenses, que para el caso viene a ser lo mismo, aunque mi adorado Benicio sea puertoriqueño) lanzamos un torrente de chistes sin gracia a nuestro Mr Marshall particular y nos dedicamos a hacerle primeros planos continuos. Seguro que así conseguimos que el año que viene venga más gente.

Pero bueno, por lo menos triunfó "Camino".

miércoles, 21 de enero de 2009

Cosas


Ayer vi la toma de posesión del presidente de los Estados Unidos. Nunca había visto una, pero es que supongo que ninguna había sido tan histórica como lo fue la de ayer. Mi pomelo y yo comentábamos que nos resulta absolutamente imposible entender lo que significa esto para la población negra de Estados Unidos. No creo que nadie que viva fuera de ese país pueda entenderlo.

Pero aunque Obama me cae muy bien y aunque su discurso fue muy bonito, contengo el aliento y espero. No sé qué pasará. Que cierre Guantánamo ya es una buena noticia, así como que reconozca que en Estados Unidos se ha practicado la tortura. Pero hay tantas y tantas cosas, tantos frentes abiertos, tantas relaciones internacionales que corregir que no sé yo si podrá estar a la altura de las expectativas creadas.

Por lo menos debo reconocer que es un hombre que transmite esperanza. Y no solo mediante sus discursos. La verdad es que me produce muchísima esperanza que un montón de gente haya decidido votarle, que un montón de gente le apoye y que un montón de gente quiera cambiar la política estadounidense de los últimos años (o lustros, o décadas). Me hace cuestionarme muchas certezas inmutables sobre ese país que despierta pasiones encontradas en todos los rincones del mundo.

Esperanza como la que siento cuando veo que un grupo de transeúntes evitan el asesinato de una mujer a manos de su ex pareja en el centro de Barcelona. Esperanza de ver que no hemos perdido completamente la vergüenza, de ver que a veces algo nos hace saltar y oponernos a lo que nos parece (o es, evidentemente) un atropello, una injusticia, un crimen.

Porque durante los últimos días me he dado cuenta de una verdad absoluta: me he hecho mayor de repente. Me he pasado al escepticismo, que es sano, sí, pero aburrido y poco apasionado, y echo de menos las ganas de cambiar el mundo y la convicción de que se puede hacer. De repente me encuentro revisando conceptos que toda la vida he defendido a capa y espada, dudando de algunas de mis posturas más radicales e instalándome en una posición que aunque es cómoda y equidistante de prácticamente todas las posturas exaltadas, me produce una pena enorme que solo puede producir la pérdida de la inocencia.

Pero así son las cosas.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Es curioso...

Ayer o anteayer, mientras cenábamos, veíamos las noticias. De repente, el presentador se puso serio, habló de un atraco y avisó que las imágenes que mostrarían a continuación podían herir nuestra sensibilidad. Acto seguido, la cadena emitió una grabación casera en la que un atracador salía de un banco, resbalaba en la calle, y al levantarse, la policía lo abatía a tiros. Fueron, en efecto, unas imágenes chocantes.

Dos noticias más allá, hablaron de la situación de algún país africano que sufre una epidemia de cólera. No hubo aviso alguno para mostrar escenas de niños desnutridos, personas muertas de hambre (aunque, eso sí, tapadas por mantas) y enfermos y más enfermos junto a ríos de aguas fecales en las calles de su poblado.

No es que la muerte de un atracador en plena calle no me parezca chocante, no me malinterpretéis, pero hiere millones de veces más mi sensibilidad ver cómo muere gente (300 muertos por cólera llevan ya) por una enfermedad erradicada en nuestro país, por falta de recursos para tener un alcantarillado en condiciones, por falta de tratamiento y agua potable, por no tener un buen estado físico, por no poder comer bien...

Es como mínimo curioso qué consideramos impactante y qué consideramos normal; qué contenidos nos parecen adecuados para un noticiero a las 9 de la noche y cuáles no.

sábado, 27 de septiembre de 2008

El lado lamentable del deporte

Yo no lo entiendo. Juro que no lo entiendo. A veces veo un espectáculo deportivo que se transforma, sin previo aviso, en un espectáculo triste, penoso y execrable.

Estoy harta de oír que hay que erradicar la violencia en el deporte, cuando a la hora de la verdad no se hace nada para conseguirlo. Me alucina, sinceramente, que no caigan sanciones ejemplares en ciertos momentos. Me alucina que por dopaje, un deportista pueda estar inhabilitado durante meses, pero que por insultar, ultrajar, menospreciar o hacer comentarios racistas no pase absolutamente nada. Me resulta increíble que uno pueda decir lo que le dé la gana de un árbitro o un juez sin que se le caiga el pelo.

Hoy he visto a dos niños llorar de miedo en un campo de fútbol. Y me parece lo más triste, lo más lamentable y lo más asqueroso que puede ocurrir. Que un niño tenga miedo cuando va a ver un partido de fútbol porque cualquier radical pueda entrar al campo e insultar, chillar y gritar lo que le apetezca, por no hablar ya de lanzar cosas.

Me alucina que no se le vete la entrada a cualquier recinto deportivo de por vida a una persona que, aunque existe una prohibición expresa y aunque lamentablemente hace años perdió la vida un chico, entre bengalas a un campo de juego. Me alucina que a la discoteca no te permitan entrar con según qué estética, y en cambio en el campo de fútbol seas bien recibido. Me alucina que los jugadores de todos los equipos (me corrijo, el 90% de los jugadores de todos los equipos) saluden a esos energúmenos como si fuesen unos aficionados ejemplares.

Hoy he visto este espectáculo lamentable, y después he sido testigo de otro espectáculo más lamentable todavía: un cruce de acusaciones para intentar esclarecer quién tenía la culpa. ¿Importa quién tenga la culpa? A mí me avergüenza ver esto como aficionada al deporte, y mis colores me los paso por salva sea la parte cuando se trata de que alguien pueda resultar herido, de que alguien pase un mal rato, de que alguien sufra una situación violenta. Qué triste es ver cómo se echan la culpa unos a otros en lugar de sentarse a ver cómo se puede solucionar.

Me resulta increíble que un jugador de tenis le pueda decir a una jueza que es imbécil y que es normal que todo lo haga mal porque es mujer, y que ese hombre continúe jugando como si tal cosa, sin que le caiga una sanción de seis meses de inhabilitación. Seguro que si su jarabe para la tos diera positivo, lo inhabilitarían de por vida.

Los medios para detener la violencia en el deporte están ahí, y están muy claros. Harían perder mucho dinero a mucha gente, pero están ahi. La violencia se soluciona negándole la entrada a los violentos, sancionando a cualquier jugador, directivo o entrenador que se permita insultar al árbitro o a cualquier compañero de profesión, cortando de raíz cualquier comportamiento inadecuado y sancionándolo como se merece. Y poniendo los medios necesarios para comprobar las acciones dudosas de los deportes mediante múltiples cámaras, que hagan que el árbitro o el juez confirmen o cambien su decisión.

Yo no sé vosotros, pero cuando yo jugaba a baloncesto, si le decía algo fuera de lugar al árbitro o a cualquiera de mis compañeras, me largaba al vestuario con una falta descalificante. Y si el público se ponía muy nervioso, el partido se cancelaba y se sancionaba al club anfitrión.

Y uno se aguantaba. El árbitro podía ser malo, pero tú no le decías nada porque era el árbitro, y le respetabas. Igual que a tu entrenador. Igual que a tus compañeras y a tus rivales. El juego es así, y a nadie le gusta perder, pero no por eso le perdías el respeto a nadie. Y si se lo perdías, sufrías las consecuencias.

Tanto hablar de la deportividad, deberíamos empezar por lo básico, enseñar modales y respeto a todos los implicados. Y cerrar filas, todos juntos, pasando de colores y de rivalidades, a la hora de enfrentarnos a problemas como el de hoy. Es muy triste.

viernes, 11 de julio de 2008

Europa o Guantánamo 2

¿Qué estamos haciendo? No sé qué es lo que nos pasa, qué cruza nuestras ociosas mentes de europeos bienestantes, qué nos empuja a comportarnos como auténticos "malparits" cuando se trata de inmigración.

No voy a negar que Europa sufre una inmigración masiva, pero tampoco puede negarse que la sufre por haber sido un continente colonizador que sigue manteniendo gobiernos de paja allá donde le conviene, cobrando aranceles inhumanos a los países más pobres y pagando la materia prima a precio de saldo en los continentes con menos recursos.

Visto así, está claro que el tema tiene mal solución, porque las empresas y los gobiernos no quieren dejar de tener beneficios, y si pagan más a esos países o les dan facilidades de comercio con Europa, van a dejar de tenerlos, o van a tener que gravar la diferencia de beneficios sobre los consumidores europeos, que evidentemente se rebelarán, y como son los que votan, eso no sería nada conveniente.

Pero, ¿nos da eso derecho a detener a un ser humano durante 18, repito, DIECIOCHO meses, sin juicio, sin derechos, en un limbo legal que nos hemos sacado de la manga? ¿No nos quejamos de Guantánamo y decimos que si hay motivos para detener, que detengan, pero con abogado y con los derechos garantizados, y si no hay motivos, dejen libre a la gente? ¿Qué estamos haciendo? ¿Cómo nos podemos permitir tratar a seres humanos de ese modo? Leo que nueve bebés han muerto en una patera estos días y me dan ganas de hacer algo indecoroso con todos los eurodiputados de sueldos de seis cifras y viajes constantes a diferentes puntos de Europa.

Por no hablar de los italianos, que están llevando su celo nacionalista a cotas solo vistas durante el período más negro de este continente, que, para los despistados, va de 1939 a 1945. Digo.

Ahora resulta que les están tomando las huellas dactilares a los gitanos, niños incluidos, según dicen ellos, para elaborar un censo. El hecho de aplicar cualquier ley, directiva, regla o lo que sea a un solo grupo étnico de la población de un país, es en sí mismo, bochornoso. Pero tal y como se está llevando a cabo, además es criminal.

Tenemos una declaración de los derechos humanos con la que nos limpiamos el culo, o en la que tendríamos que añadir algunas palabras para reformular las leyes y que se adapten a nuestra situación actual:

Art. 1 - Todos los seres humanos (que nacen en Europa) nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros (salvo que los otros sean gitanos, negros, árabes o estén demasiado morenitos y no puedan acreditar una solvencia demostrable).

Art 2 - 1. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
2. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía. (Este casi que nos lo cargamos entero, que da un poquito de rabia)

Art 3 - Todo individuo tiene derecho a la vida (pero no a conservarla), a la libertad (siempre y cuando se quede en el país en el que ha nacido) y a la seguridad de su persona (salvo que cometa el terrible e imperdonable delito de mudarse de residencia unos kilómetros más al norte o al oeste, entrando así en el territorio de los que somos un poco más iguales, un poco más libres y un poco más vivos).

Art 4 - Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas. (En esclavitud y servidumbre no están incluidos trabajar por un euro al día en los trabajos que nadie quiere hacer salvo pena de ser denunciados y repatriados al país que le dé a Europa).

Art 5 - Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. (Pero sí podrán disfrutar de una estancia de 18 meses con los gastos pagados en una institución estatal sin derecho a salir.)

Art 6 - Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica. (¿Los africanos tienen de eso?)

La declaración entera está en:

http://www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm

E iría bien que de vez en cuando la leyésemos, o que la imprimiésemos y nos la colgásemos en un lugar visible, para darnos cuenta de las veces al día que la usamos como papel higiénico, o que nos reímos de su mera existencia. Somos muy modernos y muy civilizados por firmarla en su día, pero como solo es una declaración, da igual que exista o que no. Que se lo digan a Amnistía Internacional...

Mierda de mundo, oyes.

domingo, 9 de marzo de 2008

Nadie merece la muerte

Es de perogrullo, ¿verdad? Nadie merece la muerte. Nadie merece morir. Y sin embargo a veces parece que no, que no es de perogrullo. Abro un periódico, miro un programa de noticias, escucho la radio y parece que no, que nadie tiene clara esta verdad universal que sin embargo, todos damos por buena.

No hay excusa para matar a nadie. Ningún motivo es lo bastante bueno. Y punto. No me puedo extender más, porque es que no hay nada más que decir.

Y lo triste es que se usen las muertes, en España, en Israel, en Estados Unidos o donde sea, para hacer política, para echar leña al fuego, para enardecer a la opinión pública.

Una muerte es una tragedia siempre. Una fuente inagotable de dolor. No es un voto, no es un cheque en blanco para matar a otra persona, no es nada más que un vacío imposible de llenar.

No matéis a nadie, no deseéis la muerte de nadie, no la celebréis, no la pidáis. Una muerte es una muerte, y no la merece nadie.

viernes, 25 de enero de 2008

De la libertad de idioma

Es curioso como cada vez que hay un conflicto en Catalunya, los más indignados, los más airados, los más lividos y los más ruidosos son aquellos que no viven en Catalunya. No paran de gritar que se rompe algo, o que falta solidaridad o libertad o lo que sea que toque que falte en ese momento. No paran de verter visiones apocalípticas sobre nuestra situación y nos auguran un descenso moral, económico, ideológico o del tipo que sea. Día tras día, envenenan a todo aquello que quiera escucharles y hacen que después, cuando la gente viene a Catalunya, nos miren sorprendidos y nos digan: "Vaya, pero si aquí no pasa nada".

Para aquellos que no lo sepan, los catalanes no tenemos problemas de identidad. Tenemos diferentes maneras de sentir nuestra identidad, diferentes maneras de vivirla, sí, pero no tenemos ningún problema. Aceptamos que la gente hable una lengua diferente a la que usamos nosotros en casa, sea esta cual sea; aceptamos también que alguien sienta unos colores diferentes a los nuestros, sea en el campo futbolístico o en el patriótico; aceptamos, sin más, que la gente es diferente, diferente de otra gente, viva en su misma ciudad, en su misma provincia, en su mismo país o en su mismo planeta.

No hay problemas por el tema de la escolarización. Los niños aprenden tres o cuatro lenguas en el cole y salen hablando perfectamente castellano y catalán (sea cual sea su lengua materna) y con un buen nivel de inglés o francés. No encontrarán un solo catalán que no hable castellano, aunque sí que encontrarán muchos casos inversos.

He oído hablar estos días de libertad para escoger. Curiosa libertad esa que es selectiva. Curiosa libertad que nos quiere permitir elegir nuestro idioma de escolarización, pero nos quiere imponer la religión.

La situación en Catalunya es tranquila. No nos sacamos los ojos por hablar idiomas diferentes. Tenemos la escolarización en el idioma más desprotegido, el que solo usa un 40 por ciento de la población de Catalunya, lo que significa que, a grosso modo, seis de cada diez niños que van al colegio son hablantes de la lengua mayoritaria, a los que les va muy bien tener un contacto con la lengua minoritaria que de otro modo no tendrían. Y lo curioso es que mi hijo, de cuatro años, con solo año y medio de escolarización, viviendo en un ambiente totalmente monolingüe, habla perfectamente los dos idiomas oficiales, sin vivir ningún trauma por hablarlos, sin concederle ningún valor político o sentimental a ninguna de las dos lenguas. Habla conmigo un idioma y con algunos amigos suyos, otro. Canta en un idioma, ve las películas en dos y empieza a recitar preciosas poesías en un tercer idioma. ¿Problemas? Ninguno. Todo son ventajas.

La demagogia es peligrosa, pero lo es más aun cuando es mentirosa, alarmista y xenófoba. Aquellos que proclaman la libertad de decidir son los mismos que en otros casos niegan cualquier posible autodeterminación, niegan la libertad de decidir en otros temas más sensibles, más delicados e infinitamente más complicados.

Dejen que nuestros hijos sigan aprendiendo a hablar idiomas, sigan viviendo su bilingüismo con la maravillosa naturalidad con la que lo viven ahora. No generen problemas que no son tales. Vengan a vivir un par de años a Catalunya y comprueben de primera mano que los conflictos no existen, que somos una gente curiosa, que celebra las derrotas, que baila con las manos cogidas y que monta castillos humanos para llegar más alto. Y que somos prácticos y tan discretos que no nos peleamos por cosas tan íntimas como los sentimientos, las filiaciones o la manera de expresarnos. Nos respetamos tal y como somos, aunque a otra gente le cueste hacer lo mismo.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Nos estamos volviendo locos

A un señor valenciano, Gas Natural le ha enviado una factura en la que algún graciosillo le había cambiado los apellidos por Gilipollas Caraculo. Así, Antonio Lo-Que-Sea, ha recibido una factura correcta, con todos sus datos, pero a nombre de un tal Antonio Gilipollas Caraculo.

Hasta aquí, una anécdota divertida y hasta entrañable. Gas Natural ya ha hecho todo lo que tenía que hacer, ha pedido perdón, ha abierto una investigación y patatín y patatán, y todo bien, y todo genial.

Pero resulta que el bueno de Antonio pide una compensación económica. No sé si a vosotros os suena igual de aberrante que a mí, porque a mí me parece un despropósito de los gordos. Antonio pide dinero por daños psicológicos y morales. Y yo, lo único que puedo pensar es que nos estamos volviendo locos, y nos dirigimos a todo gas a una sociedad como la estadounidense, donde todo es denunciable, incluso Dios o la naturaleza.

No quiero hacer demagogia al decir que hay cosas mil millones de veces más importantes que esta, aunque las haya, pero sí que me parece alucinante que hayamos llegado a un punto en el que convertimos todo en un negocio, y presuponemos una maldad en las acciones de todo el mundo. Un trabajador hace una broma, cambia los apellidos de un tipo en una factura y se olvida de borrarlos y corremos a denunciarle por ¡daños morales! como si en ello nos fuera la vida. A mí me parece como mucho anecdótico, y creo que no puede causar demasiados daños morales. Todo lo contrario, lo que causará será unas risas. Si yo fuera Antonio, enmarcaría la factura y la exhibiría en el recibidor.

Perdemos el sentido del humor a pasos agigantados y mermamos la comunicación en nuestra sociedad, ya que, ante la posibilidad de que nos denuncien por cualquier cosa, optamos todos por ser correctos, por no burlarnos de nadie, por no decir nada que se pueda malinterpretar. Vaya una mierda.

domingo, 19 de agosto de 2007

Navarro, o el doble rasero culé

Hace días que leo en los periódicos deportivos a algunos personajes agraviados y enfadados por la marcha de Navarro a la NBA. Personajillos que se indignan por la apuesta del jugador, que pasa a tener uno de los peores contratos de la mejor liga del mundo, solo por poder jugar y aprender allí.

Y me sorprende mucho que se hable tanto de que si el Barça le ha rebajado la cláusula de recisión, de si se marcha contento con un conveniente plan de amortización de su deuda con el club.

Los culés somos los primeros que prácticamente exigimos a todos los jugadores que entran en la disciplina del club que se identifiquen con nuestros colores y nuestra historia. Les enseñamos que el Barça es más que un club, que es la identidad y el corazón de un sector de la población catalana. Les pedimos que aprendan catalán, que sientan la camiseta, que respeten nuestra cultura. No les tratamos como a empleados, sino les pedimos que se conviertan en símbolos de un determinado sentir. Los que no responden bien, suelen marcharse. Los que encajan, acaban por quedarse incluso a vivir por aquí, entre nosotros, y nos sentimos orgullosos de ello.

Sin embargo, en el caso de Navarro, algunas voces culés piden que le tratemos como a un empleado, que saquemos rendimiento económico del sueño de un jugador que lo ha dado todo por el club y que nos ha salvado el culo en más de una ocasión. He leído que perdemos dinero, que es una vergüenza, que Laporta ha hecho mal en permitirlo y montones de sandeces iguales.

Estoy muy orgullosa de que el Barça trate tan bien a un jugador que es, por derecho propio, un símbolo para todos los aficionados al baloncesto. Espero que en la NBA todo le vaya de perlas, y me alegra muchísimo que haya podido aprovechar su oportunidad de vivir una liga tan competitiva como la estadounidense.

Me encanta que tratemos a nuestros jugadores exactamente igual que como les pedimos que nos traten a nosotros. Me gusta que les entendamos, que les escuchemos y que les ayudemos a conseguir lo que siempre han querido.

Que sigan esos personajes criticando, que yo intentaré ver todos los partidos de Memphis que pueda, para seguir disfrutando del jugador que tantas alegrías me ha dado en el Barça.

martes, 24 de julio de 2007

El secuestro

Llevo varios días indignada por un episodio que es más propio de regímenes dictatoriales que de una democracia que nos pasamos el día pregonando y de la que fardamos como de un coche deportivo. Nos colgamos cartelitos que dicen que somos demócratas y vamos dando lecciones a los países menos afortunados. Nos indignamos cuando por ahí alguien se enfada porque hacemos una caricatura de un dios y les damos clases de libertad de expresión. Todo desde nuestra privilegiada posición de burgueses demócratas del mundo.

Y sin embargo, hace unos días, un juez secuestró una revista humorística por poner en la portada una caricatura de Felipe y Letizia haciendo el amor. Entre los motivos esgrimidos para cometer este atropello, se ha argumentado que es una imagen vejatoria y calumniadora. Y yo me pregunto: ¿no sería más calumniador acaso decir que Felipe y Letizia no hacen el amor y que, por ejemplo, han tenido a sus dos hijas por inseminación artificial? ¿Es vejatorio hacer el amor? Y es que por ahí también se ha dicho que lo vejatorio no era el hecho de que hicieran el amor, sino la postura, Letizia apoyada en manos y rodillas sobre la cama, y Felipe de pie. ¿Es vejatorio hacer el amor en la postura que más nos apetezca? Lo lamento mucho por las mujeres, los maridos, novias, novios y amantes de todos aquellos que sostienen esta teoría.

Lo cierto es que tenemos de todo menos libertad de expresión. O por lo menos no tenemos libertad de expresión cuando se trata de hablar de determinadas personas de nuestra sociedad. A nadie le importa que ZP y Rajoy se insulten abiertamente, que políticos y famosetes de medio pelo salgan en la tele gritándose de todo y calumniándose a todas horas. Nadie ha cerrado ningún programa magazine de esos en los que los concursantes de diferentes realities salen a mentir descaradamente y a acusarse unos a otros de las atrocidades más espantosas. Eso está bien. En cambio, suponer que Felipe y Letizia tienen una vida sexual sana está mal, es criticable e incluso delito.

A mí que me lo expliquen, porque no lo entiendo.

Por suerte, como siempre que ocurren estas cosas, lo que se ha conseguido ha sido un efecto rebote. La portada de El Jueves ha sido noticia en todo el mundo, la edición se agotó en todos los quioscos antes de que la policía pudiera retirarla y el movimiento solidario va a hacer que una revista inteligente e irreverente como El Jueves registre un aumento importante en sus ventas.

Desde aquí os animo a comprarla y a visitar su página web: http://www.eljueves.es porque cada vez parece que es más necesario que recuperemos el sentido del humor y que lo usemos.

martes, 29 de mayo de 2007

Inmigración y sentido común

Tú vas a pescar. Te montas con tus colegas en tu barquito. Echas las redes para pillar unos atunes, que van carísimos en el mercado. Y mientras estás ahí, calladito, trabajando, sin molestar a nadie, te encuentras una balsita. En la balsita va un montón de gente y te piden si les puedes echar una mano, que van apretados. Así que les das agua y algo de comer, porque eres buena gente. Pero resulta que los desgraciados se empeñan en meterte en líos, así que se empiezan a hundir. Y tú, con todo el sentido común del mundo, los coges y los subes a tu barco, joder, que aquí hay espacio si nos apartamos un poco. Pero entonces resulta que no te dejan parar en ningún puerto, que te ponen problemas, que si dónde están los papeles de esa gente, que si para qué los traes aquí, bla, bla, bla. Seguro que si en lugar de ir en una balsa, hubiesen naufragado en un yate, a nadie les importaría que no hubiesen recordado coger el pasaporte mientras el yate se hundía. Así que, moraleja, la próxima vez que veas a unos morenitos hundirse en aguas heladas, les saludas y te vas pitando, no sea que no te dejen tomar tierra en ningún sitio.

Y eso me lleva a analizar los resultados electorales. Sí, yo soy así, así funciona mi cerebro. Morenitos hundidos = resultados electorales. Y es que ha habido algunos fenómenos preocupantes, un avance de algunos partidos abiertamente xenófobos y una derechización de feudos tradicionalmente de izquierdas. Y todo sale del mismo sitio, de los morenitos que vienen en balsa (los que llegan y no se hunden en aguas internacionales).

Seamos sinceros, nadie se va de su país por gusto. Bueno, no es cierto. Los burgueses del mundo lo hacemos. Vivimos un par de años aquí, otro allá, y a veces nos instalamos en otros países burgueses del mundo. Y nos gusta. Y no somos un problema para nadie, porque entre burgueses nos entendemos. Pero cuando alguien muy diferente a nosotros, que viene de un país muy diferente, con una cultura muy diferente y no es un burgués, llega a nuestra tierra, no lo hace por venir a disfrutar del sol, la paella, el gazpacho y la playa. Seguramente no nos lo encontraremos en un tablao flamenco sacando fotos y siguiendo el ritmo con las manos. No, la gente que realmente protagoniza los movimientos migratorios viene obligada por diversos motivos: la guerra, el hambre o la pobreza extrema suelen ser los más habituales.

En fin, yo no me escandalizo. Si hoy estallara una guerra en España, yo cogía a mis tres churumbeles y me iba. Ni me lo pensaba. Si de repente no tuviésemos comida y mis hijos sufrieran los efectos de esa pobreza, tampoco dudaría ni un segundo en hacer las maletas y marcharme a otro sitio donde tuviera la oportunidad de ganar dinero. Y poco me importaría que me despreciaran, me señalaran con el dedo o me trataran mal.

Movimientos migratorios hay desde que el mundo es mundo. Todos migramos en algún momento, y si podemos, volvemos después a nuestra tierra. Pero estos movimientos migratorios están empezando a ser un problema. No porque venga demasiada gente a los países bienestantes del mundo, porque eso es algo que a mí no me quita el sueño, sino por el efecto que esos movimientos están teniendo sobre los países de acogida.

Poco me importa que haya gente de diferentes colores en mi edificio, en el cole de mis hijos o en las tiendas del barrio. Si son buena gente, me da igual el idioma que hablen. Lo que me preocupa más, es el efecto que tienen sobre mis compatriotas, sobre los oriundos del lugar que empiezan a tener miedo y a justificar algunas medidas extremas que en otro momento les parecerían un atentado contra los derechos fundamentales de los seres humanos.

El problema es que no tenemos cultura de país de acogida y eso a la gente le da miedo. Te abren una mezquita junto a tu casa y te pones a temblar, pero te da lo mismo si es un salón del reino frecuentado por nativos de la zona. Afirmas que esa gente te quita el trabajo, no se quiere integrar y se reúne en guetos misteriosos. Tienes cosas y te da miedo que alguien te las quite.

Pero que la ultraderecha suba no es sinónimo de que se vaya a resolver el problema. Tampoco los papeles para todos serían lo ideal, por lo menos no hasta que se regule el movimiento migratorio extremo que vivimos en este momento. Las razones de la inmigración son más profundas. A estas alturas ya ni siquiera podemos resolver el problema con ayuda humanitaria. No se trata solo de invertir en los países más desfavorecidos. Nos hemos pasado años, o incluso siglos, siendo mudos testigos de conflictos, corruptelas y pandemias, cruzados de brazos. Ahora recogemos lo que sembramos y no sirve de nada que nos obstinemos en levantar muros más altos y en formar más cuerpos de seguridad. Son más que nosotros y tienen derecho a buscarse la vida.

Así que más vale que vayamos ideando otras estrategias y poniéndonos las pilas para que esa gente se pueda quedar en su casa si es lo que desea y para que nuestros conciudadanos vayan perdiendo el miedo a todo moreno que no sea de UVA.

viernes, 18 de mayo de 2007

De la libertad de prensa y otras minucias

Vuelven las elecciones cual turrón navideño a llenar nuestras pantallas y nuestras radios de mensajes tan vacíos de contenido que si intercambiamos los nombres de los partidos y sus logotipos, cualquier anuncio puede aplicarse a cualquier formación política.

En Catalunya, además, vuelven las quejas de los periodistas de la radio y la televisión públicas, que todas las elecciones se quejan de lo mismo: que desde el gobierno les controlan la manera de dar la información referente a la campaña electoral. En Catalunya (no sé cómo funciona en el resto de España), los programas informativos están obligados a presentar la información de la campaña en el orden que marca la cantidad de votos de cada formación. Así, la primera noticia debe corresponder siempre a la fuerza política que más votos obtuvo en las últimas elecciones, y la última noticia, al partido más humilde en cantidad de votos.

También el tiempo se estipula en función de la importancia de la fuerza política. Los partidos con más votos tienen más tiempo de información, mientras que los partidos pequeñitos tienen apenas unos segundos para desgranar propuestas o verter descalificaciones. Toma libertad de prensa. Toma derecho a la información.

La protesta de los periodistas del ente público es radical: dejar de firmar sus reportajes. Nadie sabe quién ha cubierto qué noticia. Una decisión valiente y guerrera.

Así llevan años, y siguen sin hacerles caso (bueno, ¿a alguien le extraña?). Y digo yo, ¿y si realmente no cubrieran esas noticias? ¿Y si un año se plantaran y dijeran que no van a informar de la campaña electoral porque no pueden hacerlo con garantías de independencia y objetividad? Sí, de acuerdo, se vulneraría nuestro derecho a la información, pero bueno, las teles ya deciden lo que es noticia y lo que no, ¿qué diferencia habría?

Pues la única diferencia que podría haber sería la respuesta de los políticos. Déjenles un par de días sin su minuto de gloria en el Telenotícies Migdia, y ya verán lo rapidito que nos cambian todo lo que les pidamos.

En fin, que aplaudo que los periodistas se quejen y se reboten, pero no sería mala idea que les dieran donde más duele y les obligaran a retirar esas directrices injustas e inmorales que atentan contra la libertad de prensa de la manera más elemental.

viernes, 4 de mayo de 2007

La Pantoja y el estado de la nación

Estamos de enhorabuena. No paran de ocurrir cosas interesantísimas con las que llenar horas y horas de televisión y páginas y páginas de periódicos. Y eso es siempre una buena noticia.

Y ahora le ha tocado a la Paquirrina, a la Pantoja de España y de toda la vida. Qué dolor. Como decía aquel, algo no va bien en este país cuando se detiene con nocturnidad a una personalidad como la Pantoja.

Y yo me pregunto... (porque me gusta hacerme preguntas tontas) ¿por qué de repente nos ponemos todos nerviosos porque detienen a una señora cuyo único mérito en la vida es cantar (o intentarlo) y haber sido mujer de un torero? ¿Por qué nos extraña que detengan a una mujer cuya pareja lleva meses en la cárcel acusado de toda clase de malversaciones y estafas? ¿Por qué nos indigna que la hayan citado para declarar? ¿Por qué no nos alucina que haya pagado 90.000 euros (con los que muchos de nosotros nos pagaríamos media hipoteca o más) en un abrir y cerrar de ojos y se haya marchado a su casita enseguida?

Me encanta que todos los gallineros de este país se hayan agitado al ritmo de la declaración de la Pantoja. Me resulta hilarante que muchas personas crean que esta mujer es respetable solo por cantar. Pero, a ver. ¿No es esa mujer que ha vendido vida y milagros, suyos y de toda la familia, al mejor postor durante años? ¿No ha estado meses compartiendo vida y casa con un chorizo con mayúsculas, que era además un macarra que iba enfrentándose a pseudoperiodistas y cámaras por todas partes? Seriedad, caballeros. Si la han detenido, por algo será. Si está en libertad con cargos después de pagar 15, sí, 15 millones de las antiguas pesetas (esta frase me copa, como dirían Les Luthiers...), deberíamos pensar que algo huele mal en Dinamarca, o en Cantora, o en como **** se llame la casa en la que está atrincherada.

Pero en fin, estas noticias son las que dan color a la vida, y las que permiten que Corbacho imite a Jorge Javier Vázquez y todos nos echemos unas risas.